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Jueves, 6 de Agosto de 2020

CONVOCAN A CABILDO CIUDADANO POR LA CONTINUIDAD DE LA DEMOCRACIA BOLIVIANA

El 10 de octubre Bolivia conmemora 35 años de un sistema continuo que tuvo sus luces y muchas sombras

POLÍTICA | 24 Sep 2017

VISOR BOLIVIA / Redacción Central.- Activistas, analistas, intelectuales y dirigentes sociales se han unido en torno a la defensa de la democracia boliviana y con ello nace la convocatoria a un gran cabildo cívico para este 10 de octubre, cuando el país conmemore 35 años de un sistema vigente, mas no exento de riesgos y deterioros.

La plaza Mayor de San Francisco pretende ser nuevamente el referente de las tendencias políticas en Bolivia, este 10 de octubre, en un acto que además de conmemorar el regreso a la democracia, hará una férrea oposición a los nuevos intentos del Movimiento Al Socialismo (MAS) para modificar la Carta Magna en busca de habilitar a su binomio a las elecciones generales de 2019.

A partir de mañana estos colectivos ciudadanos comenzarán una campaña para que el encuentro en San Francisco sea multitudinario, según expresan en las redes sociales.

DEMOCRACIA 1982 - 2006

La democracia, asumida como el gobierno de las mayorías y respeto a las minorías, en Bolivia está vigente como sistema desde aquel 10 de octubre cuando Hernán Siles y Jaime Paz juraban a las primeras magistraturas dejando atrás casi dos décadas de regímenes militares.

Hernán Siles, sin embargo, no pudo culminar su gestión y tuvo que llamar a elecciones anticipadas acorralado por la presión social de sus propios aliados socialistas y un proceso inflacionario jamás visto en Bolivia. Su victoria con más del 50 por ciento de los votos quedaba empañada ante ese panorama y así cedía la posta a Víctor Paz en 1985.

Paz Estenssoro volvía al poder luego del proceso revolucionario de 1952 que terminó, precisamente, con su derrocamiento por René Barrientos, luego de tres administraciones consecutivas. La nueva década y la crisis económica obligó a implementar el modelo neoliberal mediante el decreto supremo 21060, vigente aún hoy por la fórmula de la libre oferta y demanda.

La relocalización y el reajuste del aparato burocrático crearía con los años una nueva clase social que se iría convirtiendo en lo que ahora se llama nueva burguesía andina, distribuida en los nueve departamentos con una capacidad de comercio y adquisición muy por encima del resto de la población. El riesgo, empero, es que esa clase avasalle territorios en su afán expansionista o colonizador, tal como expertos advierten en el tema del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure o las concesiones mineras a los gremios cooperativistas.

Esa distinción de nuevos estratos y reconocimiento de los pueblos indígenas se comenzó a dar en el siguiente gobierno de Jaime Paz, un social demócrata que comenzó a aplicar en el país el disimulado plan de globalismo con recetas del Fondo Monetario Internacional o alianzas con Naciones Unidas que nada tiene que ver con “la derecha”, como se maneja en el discurso corporativo popular.

Para 1993 llegó el turno de Gonzalo Sánchez de Lozada y el modelo de privatización de las empresas estratégicas que sentó las bases para el aprovechamiento logístico y contractual del régimen de Evo Morales. Las señalizaciones desde la izquierda contra el emenerrista no tenían eco hasta que la guerra del gas y Octubre Negro terminaron por sepultar política y definitivamente al expresidente que tuvo que escapar hacia EEUU en 2003 sentenciando “conmigo se termina el estado democrático”.

El gobierno democrático de Hugo Banzer, obligado a renunciar por su enfermedad terminal, también abrió las puertas para que los grupos corporativos de filiación izquierdista, dispersos durante años, tuvieran un cauce hacia los llamados movimientos sociales. Felipe Quispe, Alejo Veliz, Óscar Olivares, Filemón Escobar y casi desconocido Evo Morales comenzaron a armar con asesoramiento de ONGs y docentes del sistema universitario, un grupo al que Banzer no pudo enfrentar.

La muerte del exdictador y la sucesión constitucional con Jorge Quiroga solo fue un lapso para que Quispe y Morales se disputen el caudillismo campesino, del cual se benefició la clase intelectual de ultraizquierda marxista.

La crisis de estos partidos políticos llamados tradicionales, de rasgos nacionalistas y social demócratas, dejó el camino expedido para que la izquierda apueste el todo por el todo a Evo Morales, reemplazando a el “Mallku” por su discurso extremista y racial que no le daba oportunidad a la clase progresista a pensar en la captura del voto de clase media o citadino.

El paso de Carlos Mesa por la presidencia estuvo “sitiada”, como titula él en una reseña de su periodo que culminó en 2005. En su gestión hubo afanes de alianza con Morales y una particular resistencia del oriente boliviano que consideraba que era “su turno” para gobernar Bolivia.

Con la salida de Mesa y la presidencia transitoria de Eduardo Rodríguez Veltzé, el sistema tradicional se recicló en Quiroga a nivel nacional y Manfred Reyes Villa, José Luis Paredes, Leopoldo Fernández, Ernesto Suárez, Rubén Costas y Mario Cossio para las regiones.

En ese contexto de desgaste a atomización, Evo Morales no tiene problemas de llegar al poder con mayoría absoluta para implementar un régimen socialista apoyado, instruido y financiado por Hugo Chávez de Venezuela y Fidel Castro de Cuba, ambas figuras políticas ya fallecidas.

HACIA EL COMUNISMO

El primer mandato de Morales tuvo alguna oposición, pero hechos sombríos al estilo “maquiavélico” como la intervención sangrienta en el Hotel Las Américas en Santa Cruz o los enfrentamiento de El Porvenir en Pando, dejaron a la oposición regional anulada. La derrota también llegó por las urnas con la revocatoria de mandato de Reyes Villa y Paredes, potenciales figuras a Palacio de Gobierno.

Morales consolidó la implementación de la nueva Constitución Política del Estado, readecuó los contratos petroleros para tener mayor flujo de recursos a nivel central y comenzó a copar las instituciones y poderes del Estado.

El segundo mandato se caracterizó por la tensión social a partir del fallido gasolinazo de 2010, la represión a la marcha del TIPNIS de 2011 y la toma efectiva del Órgano Judicial en 2012.

Pese a aquello, la población siguió apoyando el llamado proceso de cambio que viví en paralelo las mayores recaudaciones de hidrocarburos y consolidaba en las macro cifras la idea de bonanza y estabilidad económica. Tres dobles aguinaldos fueron prueba de la política populista, aunque en perspectiva, ese beneficio dejó al sector productivo en quiebra.

Para 2014 el Tribunal Constitucional confirmó su sometimiento y con una interpretación de que Bolivia comenzó en 2009 y solo desde esa fecha se cuentan los mandatos presidenciales, Morales fue habilitado y ganó la elección nuevamente con más del 60 por ciento de los votos.

Ya en 2016 se habló de ir a otra reelección y con ello se convocó al referendo constitucional del 21 de febrero. Para sorpresa del régimen, el rechazo ciudadano venció con la opción “No” por tres puntos porcentuales. A partir de ese día, estos colectivos sociales hablan de la “agenda 21F” y ante nuevos intentos de modificar o desconocer la CPE desde el régimen de dejos comunistas, es que se convoca a recordar parte de la historia y proyectar la continuidad de la democracia boliviana.

//@VisorBolivia/ Fotos: Web Archivo/ Abi//

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