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Viernes, 22 de Junio de 2018

Escribe: Marcelo Ostria - Trigo

“¿Termina la era Castro en Cuba?”

Así lo plantea el periodista Daniel Lozano su artículo publicado en La Nación de Buenos Aires el 10 de marzo. Se trata de una buena relación de cómo se va terminando la era castrista -la de la familia del caudillo de Sierra Maestra- y la apertura de la incógnita sobre la continuidad o no de su política, luego de la sucesión presidencial.

Lastimosamente, dentro del quehacer político con mucha ligereza muchas autoridades, prevalidas de su poder circunstancial, se permiten ofender, insultar o agraviar, muy especialmente a sus adversarios políticos.

A casi 30 años de haber sido inaugurada como Centro de Rehabilitación Santa Cruz, la cárcel de Palmasola está muy lejos de alcanzar los objetivos propuestos por los gestores del proyecto que prometía resolver el grave problema que presentaba el único penal que funcionaba entonces en el segundo anillo y final de la calle Libertad de la capital cruceña. Nunca lo logró, por los mismos motivos que marcan hoy el fracaso del penal más poblado del país: ausencia de una política de Estado que encare al sistema penal como parte de un cuerpo mayor en el que el bienestar social y la justicia son piezas fundamentales.

La respuesta (8/3/18) del expresidente colombiano Andrés Pastrana (1998-2002) a nuestro presidente boliviano es muy dura: “Plan Colombia salvó a Colombia de las garras del narcotráfico, ese que usted produce, alienta y protege hace décadas, ese que alimenta cárteles como el de mi secuestrador Pablo Escobar y a sus amigos de las FARC. 2016 Bolivia dijo No a su reelección, Colombia dijo No a las FARC”.

Escribe: Andrés Gómez Vela

“El futuro comenzó lejos de aquí”

La Universidad Salesiana de Bolivia me invitó el jueves a compartir ideas con estudiantes y docentes sobre el tema Cambios generacionales en los jóvenes (siglo XXI). Complejo jugar el papel de yatiri, sin haber estudiado “yatirología” o haber sido tocado por un rayo. Sin embargo, se puede usar la razón para proyectar probabilidades a partir de lo que pasa ahora en el mundo.

Escribe: Diego Ayo Saucedo

“Mar, democracia y Evo Morales”

¿Por qué la historia es tan cruenta, oh mi señor? El apoyo unánime de la OEA en 1979 reconociendo el asunto del mar como un problema de índole hemisférica perdió su relevancia a los pocos días de haber tenido lugar, gracias al golpe de estado a la cabeza de don Natusch Busch. No terminaba el país entero de aplaudir el espaldarazo de la OEA, que esta camada de bolivianos se aventuró a truncar nuestro sueño y devolvernos a aquella realidad pringada de viveza criolla, ambición desmedida y estultez crónica. El desenlace despertó conmiseración en el exterior. ¿Cómo este país podía exigir consideraciones de tipo legal si en su propio patio rebosaba la ilegalidad?

Thomas Edison, el inventor del fonógrafo y la lámpara incandescente, se enamoró del cinematógrafo, y en 1879 les compró a los Lumiere sus derechos de explotación para la Costa Este. A finales del siglo XIX, Edison cobraba derechos de explotación a pequeñas empresas productoras, que pronto empezaron a considerar abusivos los derechos que Edison pretendía.

Escribe: Marcelo Ostria - Trigo

“La resolución de la OEA sobre Venezuela”

El Consejo Permanente de la OEA aprobó una resolución que exhorta al Gobierno de Nicolás Maduro a postergar las elecciones generales y garantizar su pureza, reclama la adopción de medidas para solucionar la grave crisis humanitaria que prevalece en ese país y reitera la urgencia del retorno a la legalidad democrática en Venezuela.

Escribe: Víctor Hugo Cárdenas

“La bandera del MAR… ¿o del MAS?”

Una kilométrica bandera azul, según el Gobierno del MAS, apoyaría la demanda boliviana ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Instituciones estatales y grupos del partido oficialista fueron obligados a entregar trozos de esa gigantesca bandera. El Ministerio de Comunicación armó una millonaria propaganda nacionalista y unitarista como sustento de dicha bandera.

Escribe: Andrés Gómez Vela

“Poder sin saber”

Generalmente, la gente no confía el futuro de sus hijos e hijas a profesores deficientes. Hace enormes esfuerzos económicos para enviarlos a una buena escuela y, luego, a una universidad de excelente nivel porque sabe que es una inversión a futuro con réditos seguros, salvo que los hijos sean flojos, o la familia carezca de posibilidades económicas reales o menosprecie la educación como vía para salir de la pobreza, tener autoestima, calidad de vida y ser feliz.

Escribe: Ricardo Mamani Ortega

“El Alto y la pobreza poco disimulada”

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2012, El Alto es la segunda ciudad con más población de Bolivia con 848.452 ciudadanos, después de Santa Cruz cuya población es de 1.454.539 habitantes. En tercer lugar, está La Paz con 766.468 habitantes, y luego Cochabamba con 632.013 personas.

Escribe: Hugo Marcelo Balderrama

“Más capitalismo más inclusión social”

“El libre mercado es bueno para crear riqueza, pero ésta debe ser distribuida con criterios socialistas”. Es el argumento esgrimido por quienes defienden una vía media entre los dos sistemas.

Escribe: Marcelo Ostria - Trigo

“Necesaria coherencia”

Precisamente cuando se acerca la definición de la demanda planteada por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para que Chile se avenga a cumplir con su obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al océano Pacífico, en cumplimiento de anteriores ofrecimientos y de acuerdo con la teoría de los actos propios que causan obligaciones, el país está alborotado. Y hay motivos para ello.

La mentalidad barroca, que aún persiste vigorosa en Bolivia, se asienta sobre el viejo organicismo antiliberal de la época colonial, con su carga de irracionalismo, colectivismo y anti-individualismo. Esta tendencia al consenso compulsivo y al descuido de las labores crítico-intelectuales preparó el advenimiento (a partir del Siglo XX) de nuevos credos religiosos que privilegian un confuso comunitarismo místico-sensual -como los propalados por las iglesias pentecostalistas- y contribuyó a la consolidación del infantilismo político de dilatados sectores poblacionales.

Escribe: Andrés Gómez Vela

“… ¿qué después del 21F?”

El pasado miércoles 21 de febrero, cuando asistí a la concentración en defensa del voto y la Constitución en La Paz, tres jóvenes me lanzaron una pregunta a bocajarro: “¿Qué viene después? Ya nos hemos concentrado y ya hemos marchado”.

Escribe: Iván Arias Durán

“21F éxito, ¿ahora qué viene?”

La respuesta a esta pregunta, enarbolando la rojo, amarillo y verde, la vienen dando los mismos ciudadanos: respeto a la Constitución, respeto a mi voto y basta de dictadura. Si alguno está seguro de que estos objetivos ya se han logrado, pues, entonces habrá que pensar en otras cosas. Todos los que reclaman que hay que tener una propuesta más allá del 21F, cometen el mismo error de Evo Morales, no están escuchando al pueblo.

En Bolivia los meses de febrero y marzo son los favoritos para reactivar el tema marítimo. Frases como “muera Chile”, “Bolivia digna y soberana con puerto propio” y “El mar es un derecho recuperarlo es un deber” invaden los medios de prensa y las horas cívicas colegiales.

Escribe: Marcelo Ostria - Trigo

“21 de febrero”

Hace dos años, en un referendo convocado por el gobierno, la mayoría de los bolivianos votó contra la propuesta de cambiar la norma constitucional que limita la reelección presidencial continua a una sola vez.

Escribe: Maggy Talavera

“Jugando con fuego”

Doce personas muertas y más de 60 heridos a causa de dos explosiones en Oruro en menos de 72 horas deberían bastar para suspender no apenas el jolgorio de Carnaval y las challas oficiales, sino también dos prácticas cada vez más comunes en el país: la de pasar del espanto al olvido en cuestión de horas y la de consentir y alimentar especulaciones cuyo propósito no es otro que la de burlar la búsqueda de la verdad de los hechos.

Escribe: Víctor Hugo Cárdenas

“¿Políticas públicas sobre desastres?”

Las recientes tragedias causadas por los desastres naturales en varias regiones del país deberían estimularnos a pensar en la necesidad de construir políticas públicas sobre desastres naturales. De forma particular, algunas élites políticas, gobernantes y opositoras, deberían renunciar a la frustrante insidia de acusaciones múltiples, y apuntar su atención a nuevas formas de prevención de desastres, control, mitigación y atención de sus consecuencias dolorosas.

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