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Miércoles, 18 de Mayo de 2022

Escribe José Armando Ureña

Hechos y dichos acerca del Museo de Historia Natural

OPINIÓN | 23 Ene 2022

El conflicto entre gobiernos locales y sociedad civil se debe muchas veces a la suplantación de los hechos jurídicos por narrativas movilizadoras que ciertos corporativismos producen para legitimar su boicot a políticas públicas que amenazan su monopolio y usufructo particular del bien común.

Se aplica al transporte público, a los derechos de la mujer y también a la defensa del patrimonio.

Esto alude por supuesto a ese conjunto de distorsiones generadas alrededor del origen, propiedad y destino de Museo de Historia Natural de Cochabamba. Este es un modesto esfuerzo, sin pretensión literaria, de romper el monólogo de elites culturales que se han enseñoreado del tema patrimonial.

Primero, aunque los objetores tienen profundas contradicciones acerca de la vigencia o no del convenio interinstitucional que generó la sociedad entre la Municipalidad de Cochabamba y la Universidad Mayor de San Simón, allá por 1997, éste termina siendo el único instrumento jurídico que justifica tanto la presencia de la así denominada “fundación Ciencia” en la Casa Haas, como su administración temporal del Museo de Historia Natural.

Segundo: El nombre del museo de Historia Natural de Cochabamba fue denominado “Guillermo Urquidi” por Ordenanza Municipal #1324, de 21 de diciembre de 1993. No existe un museo “Alcide D’orbigny”, al menos no bajo esa razón social, ni consta en archivos municipales disposición posterior que avale el cambio de nombre de esa entidad municipal.

Visto el convenio, ninguna de sus ocho clausulas menciona, ni como sujeto ni como objeto, la existencia de una entidad bajo el nombre de Alcide D’orbigny, a la que la alcaldía hubiese aceptado proveer de un inmueble del que ahora estaría tratando de “desalojar”, tal como la narrativa de los advertidos grupos de interés pretende.

El convenio, de 12 de septiembre de 1997, suscrito entre la UMSS, el GAMC y la Fundación Ciencia tiene como objeto la revitalización o fortalecimiento del museo de la ciudad, entonces la Casona Santibáñez. El documento reivindica en todo momento la propiedad municipal del museo “Guillermo Urquidi” e instruye el traslado de tanto sus piezas botánicas como la colección paleontológica-lítica de la fundación Ciencia, a la que no se otorga cesión, comodato, transferencia o ninguna otra forma de titularidad propietaria o derecho expectaticio, sobre el inmueble de propiedad de la ciudad en el que se convino permanecerían hasta que llegara el tiempo de demoler la edificación y cumplir la función para la cual el fundo fue expropiado.

El convenio también especifica que el museo (de propiedad municipal) y la colección paleontológica (de la Fundación Ciencia) residirían en ese predio, en lo que debía durar la transferencia voluntaria de la colección de la mentada fundación al Museo de la Ciudad, transferencia que, por razones que anteriores autoridades deben explicar, no se ejecutó hasta hoy.

Tercero, respecto a la Ley 593 de Declaratoria de Patrimonio del Museo Alcide D’orbigny, tal disposición hace a la cualidad “cultural, material e inmueble” del museo. No existe declaratoria de patrimonio natural que hubiese refrendado la hipótesis del “corredor biológico” que emplean ciertas corporaciones seudoambientalistas coaligadas a la administración privada del patrimonio municipal.

Cuarto: Las elites culturales orbitales al sistema de gratificaciones de la fundación Ciencia no mencionan, o pretenden ignorar, que existe una demanda de extinción de la expropiación por los descendientes de los dueños originales de la casa Haas que recuperarán, sin óbice legal que valga, una propiedad por la que la alcaldía pagó $87 mil en 1993 y que hoy vale $12 millones.

Por supuesto el daño económico serán para la ciudad y la autoridad que sus habitantes eligieron, no saldrá del bolsillo de ningún ecologista-caviar con discurso de revolución verde de alta sociedad.

Una ciudadanía madura atiende a los hechos, a los documentos jurídicos, y no a interpretaciones mediáticas antojadizas de trasnochados que aprovechan de debilitar el vínculo entre las instituciones y los ciudadanos.

Para citar al gran John Lennon, en su inmortal “Revolución” diríamos: “Culpas a la institución, qué bien, ¿sabes?/ mejor libera tu mente más bien/porque cargando fotos de Mao/de todas formas no convencerás a nadie”.

//*JOSÉ ARMANDO UREÑA ES LICENCIADO EN CIENCIAS JURÍDICAS DE LA UMSS//

//**LOS TEXTOS REPRODUCIDOS EN ESTE ESPACIO DE OPINIÓN SON DE ABSOLUTA RESPONSABILIDAD DE SUS AUTORES Y NO COMPROMETEN LA LÍNEA EDITORIAL PLURAL – LIBERAL DE ESTE MEDIO DE COMUNICACIÓN// 

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